Genocidio

octubre 24, 2018

Por: María Gabriela Díaz

El término genocidio no existía hasta 1944, su origen proviene del latín geno (tribu o raza) cidio (matar), adoptado por un abogado judío llamado Rafael Lemkin, quien buscaba referirse a:

“Un plan coordinado, compuesto por diferentes acciones que apuntan a la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales con el objetivo de aniquilar dichos grupos”.

Para 1948 las Naciones Unidas deciden tipificar el delito de genocidio y crear la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio, donde se establece como un crimen internacional; por tanto, las naciones deben evitar y sancionar este acto, sean o no firmantes del tratado, debido a su aceptación por parte de la comunidad internacional, lo cual para algunos expertos la convierte en una norma Ius Cogens.

En este sentido, se enumeró una serie de actos considerados crímenes genocidas; estos son:

  • Matanza de los integrantes del grupo.
  • Lesión grave a la integridad física o mental de los integrantes del grupo.
  • Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.
  • Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo.
  • Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

La enumeración de lo que puede considerarse crimen de genocidio quedo establecido así por la influencia del líder de la Unión Soviética, Iósif Stalin, para que de esta forma las persecuciones de índole política realizadas por su gobierno a quienes se oponían a este no pudieran ser catalogados actos genocidas.

Los crímenes por genocidio no prescriben y la responsabilidad penal abarca no solo al autor material del hecho, sino a quien comete tal delito, al instigador, el cómplice y quien se asocie a tal fin.

Es así como tampoco están exentos de ser castigados los gobernantes o funcionarios, así como particulares, considerando importante que los primeros -en la mayoría de los casos- son los que comenten este tipo de crímenes, así como otros crímenes de competencia de la Corte Penal Internacional, como consecuencia del abuso de poder y la instauración de regímenes autoritarios, empleando las fuerzas de seguridad del Estado al servicio de la población en contra de la misma. Un ejemplo de esto fue el caso de Alemania durante el Tercer Reich.

Myanmar: genocidio contra los Rohingyas

Los Rohingyas son un grupo étnico musulmán que ha ocupado durante siglos esta región antes de que existiera una delimitación fronteriza entre Myanmar y Bangladesh. Actualmente el territorio ocupado por estos forma parte de Myanmar, sin embargo, nunca han sido reconocidos como parte de los grupos étnicos que residen en el país, además de que se les ha negado la posibilidad de obtener la ciudadanía, ya que el gobierno los considera inmigrantes bengalíes.

Los ataques en Myanmar a este grupo no son un fenómeno nuevo, han sido objeto de persecuciones generalizadas desde la independencia de este Estado en 1948; son discriminados y se les niega constantemente derechos como la libertad de movimiento, educación o accesos al sistema de salud, también se les limita el número de hijos que pueden tener, ocasionando así una migración masiva hacia Bangladesh, Malasia, India, Arabia Saudita o, incluso, a Australia en embarcaciones marítimas, donde muchos pierden la vida durante la travesía.

Las persecuciones, desplazamientos y ejecuciones hacia este grupo se intensificaron en 2012 con las tensiones entre los rohingya (musulmanes) y los budistas (mayoría de la población), estos ataques dejaron al menos 70 personas rohingyas muertas; entre los muertos se estiman 28 niños asesinados a machetazos. La posición del gobierno ha sido denominarlos terroristas y permitir los ataques a estas comunidades, e incluso perpetrarlos a través de los cuerpos de seguridad del Estado.

Por su parte, organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional, Internacional Crisis Group, Human Right Watch, entre otras, han realizado numerosas investigaciones y han acusado al Estado de perseguir a una minoría étnica, de llevar a cabo una limpieza étnica y graves atentados contra los Derechos Humanos, instando a que el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas establezca una Comisión para realizar una investigación urgente, exhaustiva e independiente de la situación en el estado de Rakhine.

Se puede concluir que en Myanmar se está ejecutando un genocidio en cámara lenta, de los cinco actos que permiten reconocer la perpetración del genocidio, según el artículo 2 de la Convención sobre el Genocidio de Naciones Unidas, se han cometido cuatro contra esta tribu.

Los actos genocidas siguen un mismo patrón: Ruando, Alemania, Myanmar

Haciendo una retrospectiva de lo ocurrido en Ruanda podemos destacar cómo durante años se difundían mensajes por emisoras radiales, refiriéndose a los tutsis como cucarachas, y catalogados como una amenaza mortal para los hutus que debía ser eliminada; es decir, esta matanza fue un lento proceso de denigración.

En el caso de Alemania se puede destacar que el genocidio nazi, los campos de concentración y las cámaras de gas fueron un proceso lento y bien elaborado. La propaganda estatal tildaba a los judíos como “subhumanos” que debían ser erradicados implementando una solución final.

En Myanmar el caso no es distinto, los monjes budistas predican que la etnia Rohingya es la reencarnación de víboras o insectos, y que deben ser erradicados, asegurando que asesinarlos no es considerado un crimen contra la humanidad, sino un control de plagas.

Todos los actos genocidas siguen el mismo patrón de deshumanización contra cierto grupo, es el requisito para conseguir el apoyo del resto de la población y, posteriormente, ejecutar asesinatos masivos. En la mayoría de los casos estas campañas son impulsadas por gobiernos represivos.

La Organización de Naciones Unidas ha pedido al gobierno investigaciones independientes sobre la situación, pero resulta ingenuo creer que los mismos que han apoyado o perpetrado los crímenes puedan investigarlos. Asimismo, han solicitado a los países vecinos acoger a los Rohingyas en su territorio en calidad de ayuda humanitaria, sin hacerle realmente frente a esta situación, lo que cuestiona su eficacia a la hora de atender los problemas de la población en general.

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