¿Gasto Político o Inversión Política? Quimera y Belerofonte

abril 30, 2018

Por: Jorge Alejandro Sánchez Rojas | MSc. en Planificación Estratégica

Quimera era un monstruo mítico que se la pasaba desolando pueblos del Asia Menor, devorando rebaños enteros y dejando pueblos en la quiebra total. Hubo la necesidad de que un héroe, Belerofonte, domara al caballo alado Pegaso y enfrentara a la bestia para así eliminarla.

Luego de leer lo anterior y ver el título de este breve escrito, ¿No siente usted un ligero déjà vu? la monstruosidad que evidencia en algunos casos el gasto de los partidos y alianzas en las campañas electorales, en muchas ocasiones causa sorpresa, estupor y ofensa en el electorado, quien circunstancialmente busca un liderazgo que le ayude a resolver sus problemas generales, sobre todo de dinero y que entonces observa ejércitos de franelas, gorras, minitecas, banderines, templetes y pare usted de contar, todo esto, en la mayoría de los casos, en contraposición a la certeza de que dicho expendio generará los resultados deseados al momento de contar los votos.

Todo planificador de marketing político que desee ser considerado como responsable y serio debe considerar el asunto de los dineros de campaña como un problema vertebral y presente en la agenda tanto del partido como del candidato: se debe enfrentar la “bestia” del gasto con mucha inteligencia y tino para transmitir un mensaje coherente y emocionante, alejado del oropel que produce un rebaño de uniformados y disfrazados, entre otras cosas. Probablemente el lector pensará, “¡pero si eso es lo que le gusta a la gente!”, entonces con todo respeto le aconsejo: vaya y dedíquese a otra cosa; venda carros, perfumes, inclusive parcelas en algún cementerio (de demanda segura), pero ¿ideas y propuestas? No, esto no es para usted.

No me malinterpreten: no propongo la eliminación de símbolos o etiquetas, lo que sí sugiero es la administración racional de los recursos para impulsar una propuesta de gestión política donde se muestre capacidad para solucionar problemas. Es por eso que es necesario invocar la racionalidad y asesorar a los equipos de campaña en la reorientación del esfuerzo hacia líneas relacionadas con la producción de mensajes alineados con la doctrina del partido, el diseño de mecanismos inteligentes para la recepción de solicitudes y propuestas, la captación empleo y entrenamiento de talento orgánico para la promoción trascendente del partido, usando al candidato del momento como avatar principal, e inclusive la asignación de recursos para crear modelos de resolución de problemas autosustentables orientados a difundir la forma y la manera en la que se enfrentarán los demás problemas  del electorado, entre otras cosas.

Actualmente, la dimensión de la promesa electoral debe ser más humana y por lo tanto, de mucha mejor calidad: el establecimiento de enlaces empáticos, sólidos con la gente, va más allá del apretón de manos y de cargar un bebé: repito, no estoy excluyendo estas actividades tradicionales del discurso integral de la propuesta, solamente recomiendo sagacidad para el empleo del dinero.

Si hay algo que casi toda persona sabe y reconoce, es que se mueven cantidades ingentes de recursos en las campañas electorales, pero de la originalidad y eficiencia con la que el planificador de campaña electoral emplee los medios que se le asignen, dependerá no solamente la victoria o la derrota en el evento donde esté trabajando, sino algo mayor a eso: el respeto que a través del tiempo la gente pudiera otorgarle al partido, a la propuesta y a sus líderes locales, quienes son al final los que vivirán la cotidianidad junto con el elector y tendrán que enfrentar, para bien y para mal, las consecuencias de haber diseñado y difundido un mensaje positivo u otra Quimera que esta vez no devorará ni rebaños ni dinero, sino las esperanzas de un electorado que solamente quiere caminos abiertos hacia su tranquilidad y prosperidad, bajo el amparo de la ley y de quienes los representen en los órganos de gestión pública.

@Joalsaro

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  • Excelente artículo, me pareció muy acertado a lo que se vive en muchos países del continente, en especial a los latinoamericanos.