EE UU: de una corriente intervencionista hacia una proteccionista

octubre 4, 2018

Por: María Gabriela Díaz

Desde los albores de su independencia y la adopción de una Constitución –aún vigente-  a finales del siglo XVIII, tenemos la consagración de un Estado Federal  conservador con una política exterior neutralista y aislacionista.

Sin embargo, pese a las intenciones políticas iniciales de la mano de George Washington, con la llegada del siglo XIX Estados Unidos toma una postura de Estado imperial expansionista, a partir de 1803 con la anexión de territorios hacia el Sur, pertenecientes a la corona española,  y así continuará su política hasta 1903 con su última anexión, la Zona del Canal de Panamá.

Durante la Primera Guerra Mundial se denotan los intentos de neutralidad del Presidente Wilson durante los primeros años de la misma, finalmente incursionan en el conflicto y posteriormente vemos cómo van cambiando los matices hacia una política exterior intervencionista y agresiva para mantener el orden mundial. Así comienza a hablarse y consolidarse el primer hegemón americano, tras su paso por la Segunda Guerra Mundial, la creación de la OTAN –encabezada y comandada por EE UU- y el establecimiento del sistema bipolar durante la Guerra Fría; sin embargo, no es hasta la culminación del enfrentamiento este-oeste durante la Guerra del Golfo  donde queda reconfigurado el nuevo sistema internacional con la implosión de la Unión Soviética y el triunfo de la democracia liberal, con Estados Unidos como primera figura no euroasiática árbitro en el mundo y la primera potencia realmente de influencia global, pero dando paso a un carácter económico multipolar respaldado por la victoria del capitalismo que abrió la puerta a la participación de nuevos actores y el libre mercado.

El paso de George W. Bush y Barack Obama

El punto crucial de este nuevo orden internacional, en construcción, se ve trastocado en el año 2001 con el ataque del 11 de septiembre; esto viene acompañado por la llegada a la Casa Blanca de un nuevo e impopular –entre la población- mandatario, George W. Bush, quién buscaría mantener y continuar este denominado “nuevo orden” como objetivo de su política exterior e impulsarlo a través de la militarización de la misma, definiéndola como un realismo intervencionista, pero contraponiéndolo a los deseos de los organismos internacionales, ya que estos se han caracterizado por limitar el accionar, y su propósito escasamente es conseguir la victoria, mientras que los asuntos de seguridad interna sí son coherentes con el militarismo, adoptando características unilaterales y unipolares, donde se da por sentado que de la seguridad interna de Estados Unidos dependerá la seguridad mundial.

Bush tras sus dos períodos de gobierno deja la presidencia -con una importante crisis económica y la pérdida de credibilidad en los asuntos militares en el exterior- en manos de un demócrata idealista, Barack Obama, lo cual ocasionaría un drástico viraje a la forma de hacer política que se implementaba desde principios del siglo, dejando de lado el uniteralismo y el intervencionismo de Estados Unidos con un llamado a otros países a hacerse responsables de lo que está ocurriendo a nivel global, ya que para Obama resultaba “arrogante” la forma de hacer política, caracterizándose por ser un internacionalista idealista, lo que para un país potencia como el estadounidense esto le resta poderío, respeto y lo hace ver con debilidad y falta de firmeza.

Esto se ejemplifica con la restitución -o más bien aceptación del régimen dictatorial- de las relaciones con Cuba, o la pérdida de preponderancia en Medio Oriente, con el rol durante la Primavera Árabe, el acuerdo de No-proliferación nuclear con Irán, el fracaso de la lucha contra el terrorismo y la incapacidad de imponerse ante la grave situación en Siria, permitiendo la fortificación del poder de Bashar Al Assad con el inminente apoyo de Rusia, dejando al descubierto el re-fortalecimiento de esta nación. Es importante destacar el papel de China en el escenario internacional durante este período y su particular expansión en América Latina con la propagación de ideales socialistas, y el recrudecimiento de esta corriente ideológica en gran parte del continente, así como la crítica relación con Corea del Norte y sus avances nucleares. Obama deja la presidencia con un retroceso significativo a nivel global, junto con el avance crudo e inminente de la izquierda de Oriente a Occidente.

La era de Trump

Ante este escenario -y retroceso en general para Estados Unidos-, unas controversiales elecciones tocan la puerta de este país, dándole paso a un inesperado nuevo líder republicano, Donald Trump, quién se ha encargado de desechar y destruir las políticas idealistas de Obama, como la renuncia del Acuerdo Transpacífico implementado para intentar frenar la influencia y crecimiento de China, y por el contrario ha decidido incrementar el porcentaje arancelario de una cantidad de productos que ingresan a Estados Unidos proveniente de esta nación; luego encontramos la renuncia al Acuerdo con Irán, el cual ha calificado como “beneficioso para un régimen asesino y patrocinador del terrorismo” e imponiendo duras sanciones económicas y en determinadas ocasiones amenazas militares que, hasta ahora, no han tenido lugar. Este ha sido el mecanismo implementado por el gabinete Trump en el último año, se ha vislumbrado con regímenes como Turquía, Venezuela e incluso Rusia y Corea del Norte, mostrando su gran triunfo con este último al ser el primer mandatario estadounidense en reunirse con un líder norcoreano e iniciar, tras un proceso de negociaciones y amenazas, el desmantelamiento de bases nucleares en esta nación; el mandatario, quién aún tiene un largo camino por la Casa Blanca, ha demostrado que Estados Unidos no hace amenazas vacías.

Podemos resaltar de forma comparativa que Trump busca establecer nuevamente el orden mundial con Estados Unidos como árbitro tal como sucedía a finales de los 90, a pesar de la influencia de China y un poco menos de Rusia,  sin implementar una política intervencionista y militarista como la de Bush; pero tampoco busca centrarse en acuerdos vacíos que han permitido la socavación de la democracia occidental como lo implementó Obama, por el contrario, ha decidido arraigar su política con medidas económicas menos desgastantes y mucho más efectivas en el impacto mundial actual.

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