¡Son los militares, estúpido!

diciembre 5, 2017

Por Federico Boccanera

Una vez más, el tema principal del poder en Venezuela se escurre de la discusión pública sin siquiera humedecer el entendimiento.

De lo que está ocurriendo sobre la persecución emprendida por el Estado chavista contra la corrupción en Petróleos de Venezuela, S.A. -PDVSA- (hecho real en cuanto a persecución, en cuanto a corrupción, y en donde no hay simulación ni teatro en su descarnada ejecución) se está perdiendo del foco de la opinión pública lo más importante, y es que esta “razzia” surge como consecuencia de la entrega de PDVSA a los militares.

¿Se trata de una “purga”? Lo es en cuanto consecuencia y no causa. La “causa número uno” es “PDVSA para los militares”, el desalojo de lo civil por parte de lo militar en el corazón del estado rentista, lo cual arroja como primera consecuencia que los desalojados del feudo serán aventados inmisericordemente a la jauría de la permanente guerra entre mafias (civiles).

El “timing” de la operación es platealmente oportuno, ocurre después de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, ocurre en coincidencia con el “diálogo” en República Dominicana, donde punto importante por parte del Estado chavista son las sanciones internacionales, un mensaje directo a EE UU y la Unión Europea -en donde a la oposición graciosamente se le hace ver como “receptora” de este pedido- y es algo que también ocurre en sincronía con la apertura del camino electoral presidencial, en fin, todo ocurre en medio de una coyuntura, en donde se definirán todos los roles y papeles a cumplir en los próximos años.

(Coyuntura definitoria en donde la “novedad” es el afloramiento protagonístico de España, en plan moderador de las calenturas opositoras, presta a actuar como factor promotor de estabilidad y gobernabilidad, atenuador de sobresaltos hemisféricos, determinación ya expuesta en los firmes balbuceos de Antonio Ledezma, y claramente remachada por la reciente visita de Adolfo Suárez, un “transicionista” por genética).

El no comprender todo lo que ocurre lleva, por ejemplo, a candorosos errores de evaluación como éste, que falla al no determinar que la única heredera y representante del golpismo de 1992 es la Fuerza Armada Bolivariana como tal, el verdadero poder que construyó Chávez.

Y no, no hay “varios grupos de poder”, hay uno solo en el poder y es la Fuerza Armada, del cual las facciones civiles son mafias asociadas en tensión y disputa permanente por la repartición de negocios y territorios, como siempre ocurre con la mafia.

Nicolás Maduro ejecuta una tarea de ruptura y transición, para la cual fue ungido con gran convicción por Fidel Castro y Hugo Chávez ya moribundos. A Maduro le asignaron la ejecución de un trayecto final en forma implacable y sin piedad, y en donde, a diferencia de Chávez, no le toca (no debe) arbitrar entre facciones (no tiene esa facultad), ni le toca misión pastoral alguna, razón por la cual la acumulación de fricciones, hostilidad e impopularidad lo tienen sin cuidado.

Maduro puede muy bien continuar o no, continuar para rematar la tarea, o no continuar y ser usado como fusible del circuito de poder, un fusible o un cordero sacrificial muy conveniente, sobre el cual hacer recaer los pecados, y una vez regada su sangre, poder reivindicar con alivio nacional y global la vuelta al “legado de Chávez”, operación de infinita utilidad para todos, para tirios y troyanos, adentro y afuera, y que acertadamente la estudiosa Aura Palermo la define como “re-seducción”.

Peor lo haga Maduro en cuanto a penurias infligidas, y mejor lo habrá hecho al cumplir la tarea de hacer el “trabajo sucio” de refundar el Estado socialista, creando el gran precariado nacional necesario para su conversión en Estado comunal-corporativo, su salida del poder entonces también será una prenda final, al servir como momento de alivio y respiro indispensable para consagrar al chavismo y a todo el sistema.

En cuanto a Tareck El Aissami, del cual se habla como la cabeza de un “grupo de poder”, se debe recordar que fue el segundo ungido por Castro y Chávez, y sin extenderme mucho en la explicación de los poderes que están detrás de su figura, algo del cual podrán encontrar un esbozo en el artículo Tareck el Trumpeado, solo basta apuntar que, a todas luces, es él el que lleva las tareas de bajo perfil, o por lo menos de perfil menos público, requeridas para complementar las de Maduro. Me disculpan lo simple de la conclusión, pero esto lo encierra todo, encierra al personaje, su “filosofía” y su designio al lado de las sombras.

El futuro Estado chavista será un Estado comunista versátil, un Estado suigéneris y adaptado a la constelación de particularidades de Venezuela (como país occidental, católico, minero y rentista), un Estado en ruta a constituirse internamente como un Estado de corporaciones y comunas que, a su vez, será un frente internacional sumamente importante para la multinacional neo-totalitaria de la cual el foro de Sao Paulo es su “capítulo latinoamericano”.

Para cada una de estas tarea -comunal, corporativista, geopolítica- hay grupos nacionales y foráneos trabajando, que pueden ser identificados apropiadamente como “los protectores”, “las facciones”, “las mafias”, “los carteles”, de los cuales se pueden identificar algunos responsables, de acuerdo con su exposición pública, pero de lo que no puede caber la menor duda es que no disputan ni pretenden disputarle el poder a dos factores intocables: Cuba y la Fuerza Armada Bolivariana.

Por eso, poco se habla de Cuba y de los militares, parece algo increíble, pero en un discurso opositor que debería apuntar permanentemente a denunciar quienes son los verdaderos dueños del poder, se habla demasiado poco o nada de Cuba y de militares, de paso esto explica también hasta qué punto “el diálogo” es poco menos que un teatro de marionetas que se escenificará para su entrega al público en capítulos telenovelescos, una Asamblea de subalternos de un Estado privado transnacional, en donde ni “gobierno” ni “oposición” tienen el menor poder para cambiar nada decidido en otras instancias.

Por cierto, por los medios y redes sociales ronda desde hace unos días una nueva ocurrencia, fruto de la impotencia opositora para confrontar la realidad, o de la necesidad de seguir mareando a la opinión pública, y se trata de hacer creer que existe una supuesta estrategia de la “ganancia de tiempo” por parte del Estado chavista. Una nueva fábula opositora que se pretende denunciar como una de las jugadas que se estaría buscando con el diálogo, fábula que no toma en cuenta el pequeño detalle de que el tiempo solo cuenta si el curso de acción del poder pudiese ser interferido, desviado o detenido, por alguna fuerza contraria o divergente.

Pero nada parecido se vislumbra en el horizonte, por ahora, y más bien, al régimen le convendría estrechar la “ventana de oportunidad” electoral para rematar el ciclo histórico de elecciones universales y directas, antes de pasar a la modalidad exclusiva de elecciones indirectas y colegiadas que impondrá, bien sea por “acto constituyente”, o por prescripción de la nueva Constitución que establecerá el Estado comunal, la nueva “geometría del poder”.

La realidad es una y es muy distinta al disfraz que algunos persisten en vendernos, contra toda evidencia. De esta realidad lo más nefasto consiste en que hemos perdido, quién sabe por cuánto tiempo, la capacidad para autodeterminarnos como nación, algo que ya expuse hace unos meses, en mi artículo Aquí ya no pintamos nada.

@Fboccanera

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