El éxito desde la feminidad

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La palabra ‘éxito’ proviene del latín exitus, que significa “término, fin”.  Ser exitoso significa haber terminado con una carencia o con un sufrimiento y eso produce satisfacción. Cuando una mujer es libre de elegir y lleva adelante su vida con los medios que tiene ya es exitosa. De querer realizar cambios porque dentro de su propia definición de éxito entran otros elementos, puede programar cómo ir llevándolos a cabo para una próxima etapa, para lo cual deberá tener todos los caminos expeditos en donde el intervencionismo estatal no tiene cabida.

Resulta difícil dar aportaciones sobre la constitución del sujeto femenino y la feminidad sin tomar en cuenta la destacada influencia negativa del socialismo. La infravaloración de la mujer generada por la ideología de izquierda no sólo la ha perjudicado en la dicotomía público-privado, sino también en lo íntimo. En lo primero, se aprecian las múltiples manifestaciones de rechazo para ocupar cargos públicos, por la estigmatización de la actividad para las féminas y por la exigencia social de que deben encargarse netamente del hogar y del esposo.

En la esfera privada las mujeres son llevadas a reducirse exclusivamente a labores del hogar, sin libertad para educarse. Los Estados totalitarios y déspotas necesitan a la madre ignorante, no a la mujer exitosa. Una mujer poco educada, privada de libertades, sin amor propio y condicionada al hogar es el sujeto perfecto de un sistema que necesita una sociedad embebida en la tarea de sobrevivir, en el que sólo las esferas de poder logran metas personales y profesionales. Ser cuidadora de niños y esposa ha sido siempre su función principal, aunque actualmente se evidencia, a modo de protesta (consecuencia del marxismo cultural), una inclinación fuerte para no ser ni madres[1], ni mucho menos esposas, lo cual perjudica el pilar fundamental de la sociedad que es la familia.

En lo íntimo, el socialismo ha sabido penetrar las mentes de los individuos. Al cercenar las libertades económicas, obliga a las administradoras del hogar a dejar de pensar por sí mismas (y para sí), convirtiéndose en dependientes de otro (que puede ser un individuo o el Estado) afectando su autonomía y dejándolas a merced del marco político y jurídico. En esta esfera, las mujeres han podido dejar gran cantidad de contenidos sin materializarse, por falta de confianza o temor de ser juzgadas.

De este modo, la participación de las mujeres en lo público, su interacción en lo privado y la comprensión de lo íntimo, será el tema central para la constitución del sujeto femenino, desde participar en lo ámbito público, hasta la independencia económica con el reconocimiento de sus deseos. Mujeres que se sintieron presas dentro de los límites del hogar fueron las que detonaron la lucha organizada para llegar a reconocerse a sí mismas como sujetos sociales. Hubo conquistas y retrocesos, ya que, lamentablemente, las mujeres fueron por siglos criadas para ser dóciles, y las menos educadas, lo eran aún más.

Clave para el éxito de un individuo: amor propio

En la doctrina liberal clásica, con Adam Smith en La Riqueza de las Naciones, surgió de nuevo el término acuñado por Aristóteles denominado self love, lo que en español podría traducirse como “amor propio”, haciendo referencia a lo que una persona siente positivamente sobre sí misma. La vida social y económica de una mujer se resuelve con self love, ya que supone a una mujer capaz de respetar sus voces internas y, por otro lado, dedicar tiempo y esfuerzo en materializar lo que le interesa, al someter a prueba sus habilidades mostrándose como la mejor y como la más capaz en lo que se profesionalice, sin necesidad de abandonar su feminidad ni su más pura y natural inclinación de ser madre o esposa.

Estimarse o cuidarse a sí misma es la respuesta al algoritmo feminista de redención de sus derechos perdidos y también, con lo que se obtiene el éxito de la feminidad. La familia tiene un papel muy importante, ya que da al individuo lo necesario para que se desenvuelva libremente en sociedad, respetando los principios éticos de no maleficencia, beneficencia, respeto a la autonomía de los demás y justicia. Si no hay familia que adopte estos principios ¿qué tipo de individuo sale al mundo?

Parte de quererse a sí misma es alejarse de los sistemas opresivos, por tanto, la mujer debe separarse del Estado. Cuando el Estado es el único agente económico, los medios de producción se pervierten, la impresión de billetes aumenta conjuntamente con la inflación, los controles son desmedidos, los impuestos depravados y la desigualdad se incrementa. Ninguna mujer podría declararse exitosa si sus ingresos no alcanzan para cumplir con sus responsabilidades, ni para recrearse o invertir en su educación e intereses. Ya decía Aristóteles que para ser feliz hay que ser virtuoso, pero en una economía controlada, por más virtudes que se tengan, la posibilidad del pleno desarrollo de las capacidades es nula, sin la existencia del libre mercado que se autorregula.

El criterio del éxito de la mujer es la obtención de riqueza, el ahorro y la inversión; esto cumple una tarea que la sociedad debe aplaudir, ya que el bien social es el resultado de las acciones ejecutadas por mujeres que se comportan como individuos útiles sin la necesidad de pedir cuotas especiales de poder al Estado o desplazar al sexo masculino.

[1] Alemania, por ejemplo, ya no tiene guarderías. El 20% las mujeres nacidas entre 1960 y 1964 no tuvieron hijos y esto se debe no sólo al grado de estudios que pudieron haber contraído, sino también a la famosa “liberación femenina” a la que estuvieron expuestas. Desde el punto de vista liberal esta conducta podría ser normal, las mujeres tienen derecho a elegir qué hacer con sus vidas, pero cuando esto se convierte en tendencia, ya debe tomarse en cuenta una influencia externa de tipo ideológico.

 

@YorbisEP

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  • Me enamoró esta historieta, que considero escrita de manera bienhumorada, y además tiene reminiscencias a “Splash aquella lejana película de los inicios de Ton Hanks que aparece una sirena. La mitología europea de Seres Elementales siempre me encandiló, y concretamente la feminidad ideal y utópica de mares y océanos -esto es : Nereidas, sirenas, oceánidas y un largo etcétera-han estado siempre presentes en mis delirios y chifladuras galopantes. Un acierto de microcuento, sí señor. Nunca mejor dicho, me he sumergido impepinablemente en sus aguas procelosas.¡Sigue, pues, navegando.!