El fracaso del fantasma comunista en América Latina

abril 5, 2018

Opinión Pública e ideología marxista en la Venezuela de 2018

Por: César Pérez Guevara | Abogado

 

“-Victor Laszlo: Admiro su gran café. Lo felicito.

-Rick Blaine: Yo lo felicito a Usted.

-Victor Laszlo: ¿Por qué?

-Rick Blaine: Admiro su trabajo.

-Victor Laszlo: Gracias, trato de hacer lo posible.

-Rick Blaine: Todos tratamos. Usted tiene éxito”.

Casablanca. 1942. Michael Curtiz.

         

Históricamente se ha demostrado que, en principio, cualquier clase de opinión pública de carácter absolutista se desarrolla en el imaginario colectivo por un proceso de tres etapas.

La primera de ellas es la persuasión, a través la cual un grupo de individuos pretende imponer una ideología a sus congéneres mediante el convencimiento. En un segundo episodio, estos individuos, al poseer un número considerable de adeptos suficientes, acuden a la fuerza y en ocasiones logran implantar su voluntad violentamente. Finalmente, tiempo después del triunfo militar se adopta una rapaz campaña de ideologización con la cual se logra que los individuos objeto de este proceso lleguen a un convencimiento, cuasi genuino, de pertenencia a la ideología que les fue impuesta a ellos mismos o a sus ascendientes ferozmente.

Ejemplos arcaicos de este proceso fueron la implantación de las religiones occidentales y orientales; ejemplos actuales de ello son la implantación del comunismo o de las ideologías autoritarias de izquierda que en este artículo llamaremos para simplificar: ideologías marxistas.

En nuestro contexto histórico hemos observado desde el año 1998 como Venezuela ha sido víctima de la imposición de una ideología marxista, toda vez que sus principales líderes se han reputado solemnemente como seguidores de esta doctrina. Ahora bien, a fin de entender cómo esta ideología afecta al imaginario colectivo es necesario comprenderle según sus propias características, lo cual haremos estudiándola en base al esquema establecido en las líneas anteriores.

Desde sus inicios en el mundo, el comunismo se inició en su etapa de persuasión como una intromisión al correcto funcionamiento del estado liberal, siendo como se ha descrito, una idea utópica de defenestración de los valores republicanos más básicos. Así, una vez finalizada la etapa de persuasión, el marxismo llegó al poder en la realidad (Unión Soviética, China, Cuba, Corea del Norte, Vietnam, entre otros) a través de la fuerza, y conforme a su teoría, se transformó en el Estado socialista, en el cual sus líderes consiguieron apropiarse de todos los medios de producción y destruyeron lo que denominaron la superestructura ideológica del Estado liberal (cultura, religión, derecho, política), esperando —a su decir— que con este actuar bárbaro se llegase a una sociedad comunista sin Estado, dado que este Leviatán no es más que un vulgar invento liberal.

Sin embargo, la praxis histórica nos ha demostrado que la utopía de la sociedad comunista nunca se concretó, pues todos los experimentos de esta terrible plaga política solo se quedaron en el desastre de observar destruidas las instituciones del Estado, lo que ocasionó muerte, hambre, caos e impudicia en todos los países en los cuales se tuvo al comunismo como premisa. Por ello, algunos imberbes —la mayoría incautos— han señalado con gran caradurismo que el comunismo no ha funcionado, porque nunca se ha implementado de verdad, con la justificación discursiva de que nunca se ha llegado a él; premisa similar a la de aquel mitómano que afirma poder llegar corriendo a la luna, solo que hasta ahora no se ha logrado dicha proeza porque nadie lo ha hecho correctamente, es decir, el comunismo y su consecución no han demostrado más que ser la fundamentación de lo imposible y desconocido, a través de un discurso absurdo y vacío.

En la Venezuela de 2018 sufrimos de los embates del marxismo, dado que a pesar de que fracasó en llegar al poder violentamente en sus orígenes (golpe de Estado de 1992), lo logró a través de la simple persuasión comicial (elecciones de 1998), implantándose su fenómeno voraz de destrucción de las instituciones y desencadenando todos los males sociales que vivimos los venezolanos.

No obstante su llegada, la existencia de nuevas tecnologías —principalmente el acceso a Internet, que ha permitido el fluir de la comunicación, a pesar del hermetismo marxista que ordena cierres de medios de comunicación—, y el convencimiento de mejores horizontes —sistema de gobierno existente en los anteriores cuarenta años— han impedido el engaño al imaginario colectivo de que el marxismo ha triunfado en Venezuela, y por ello sus representantes se enfrentan en la actualidad al más grande descontento social de esta parte del mundo, ya que se ha materializado la destrucción de todas las instituciones del Estado venezolano, encontrándose este tipo particular de marxismo con una circunstancia que no han conocido los anteriores: la imposibilidad de utilizar todo el encono violento del Estado a su servicio dado el anacronismo de los medios de aniquilación en una sociedad cada vez más globalizada.

Por lo anteriormente planteado, nos servimos de la cita que hacemos al inicio de la clásica película Casablanca, dado que al contrario de lo que le señaló Bogart en su inmortal personaje a su némesis en el amor, el marxismo ha hecho lo posible por ser exitoso, pero no lo ha sido.

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  • No puede pasar desapercibido la mutación de las ideas marxistas en fórmulas populistas. Se desarrollan nuevos modelos totalitarios que se construyen con un populismo exacerbado que se ofrece como fórmula de salvación pero que tiene como objetivo crear una fuerte dependencia. Podría afirmarse que las ideas marxistas han sido, en definitiva, una excusa para acceder al poder. Ese propósito continúa. El populismo y el nacionalismo son las nuevas fórmulas políticas. El fantasma continúa allí. Su falsa prédica de salvación y reivindicación se suma a la posverdad como instrumento político. El peligro, precisamente, lo fortalece la globalización de los medios de comunicación. En nuestro caso puede que internacionalmente haya conciencia del fracaso pero internamente el populismo y sus formas de control han hecho un inmenso daño.