Actividades en vivo y redes sociales: costo, precio y valor

Por: Jorge Alejandro Sánchez Rojas | MSc. en Planificación Estratégica

El mundo está plagado de personas cuya presencia cambió de un total anonimato hasta las cumbres más gloriosas del protagonismo y que, de repente, por una imagen, un sonido o una mezcla de ambos, cayeron en desgracia para no salir nuevamente de esa dimensión desconocida más nunca.

En las campañas que he asesorado, he visto casos de personas que consideran que los archivos multimedia del candidato pueden ser tan fáciles de hacer, como el video improvisado de un cumpleaños, de una graduación o simplemente de una reunión entre amigos: mentira más grande difícilmente exista.

La cobertura de las actividades de un candidato es bitácora para el registro de una línea de conducta y también es la expresión de una forma de presentar el discurso político cuando las palabras “deberían” sobrar.

Por lo anterior, es fácilmente comprensible que quienes estén encargados de las redes sociales del candidato y de la organización, se encuentren en total alineación hasta formar una trinidad perfecta (equipo – candidato – redes) y poderosa para que de esa forma se logre transmitir un mensaje que estimule la preferencia en forma íntegra.

Es una buena práctica considerar que cada red social es un espacio con actores, normas y dinámicas distintas y, por lo tanto, un mensaje en una red no necesariamente sirve en otra: si usted copia y pega un mensaje para cubrir un cuadro de trabajo comunicacional, usted no solamente lo estará haciendo mal, sino que demostrará falta de calidad y profesionalismo, perjudicando a su cliente e inclusive comprometiendo la trascendencia de la relación contractual y, por lo tanto, es menester crear mensajes ad hoc para cada espacio.

Las redes sociales tienen una característica de doble filo: su amplio espectro. Dependiendo de la forma y la manera en la cual sean empleadas podrá aprovecharse su impacto en la preferencia de las personas, orientando la selección electoral.

Casos significativos como los de Obama y Trump en Estados Unidos o Rodríguez en Nuevo León, México, son más que explícitos. En ellos se demuestra que el empleo eficiente de la dimensión comunicacional es un potenciador poderoso en la sugestión para la intención de voto. Es allí donde se expresa la diferencia entre costo, precio y valor: en la importancia que el equipo estratégico le dé a la inversión comunicacional, se podrá apreciar la economía de esfuerzos presenciales para la difusión del mensaje político y la marca que dicho mensaje dejará en las personas.

La claridad jamás podrá desplazar el respeto al momento de presentar una propuesta, así como las opiniones jamás deberán traicionar la línea vertebral del contenido ideológico de la organización y, por lo tanto, un candidato en todo acto público planificado o no, jamás tendrá patente de corso para decir lo que quiera simplemente porque sea el protagonista del momento electoral: es necesario que honre con su palabra el discurso de toda la organización, y ese discurso y su forma también deberá expresarse en las redes sociales.

Esto es difícil de lograr porque es un trabajo del ego, pero es necesario que el equipo de abordaje estratégico electoral lo aclare para no comprometer ni su prestigio ni la calidad de su trabajo.

En el diseño y la planificación de ese discurso trialineado -aludido con anterioridad- está la clave para que la población reciba el recado electoral en el momento, la forma y el estilo que pueda marcar más la mente y el corazón del elector, lo que pudiera no solamente orientar la intención de voto, sino también propiciar el nacimiento y consolidación de una relación de mayor trascendencia entre la persona y la organización que represente sus intereses ciudadanos.

@Joalsaro

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